Cuando hablamos de carreteras inteligentes pensamos normalmente en vehículos conectados, tráfico, velocidad, estacionamiento, semáforos sincronizados, cámaras y seguridad. Todas estas funciones son útiles. Pero una carretera que cuenta vehículos sin comprender el agua que desplaza todavía no es verdaderamente inteligente.
Una infraestructura moderna también debería medir la lluvia recibida, el volumen retenido, el volumen evacuado, el caudal máximo, el tiempo de residencia, la humedad del suelo, la temperatura superficial, las condiciones de congelación y deshielo, la saturación de los medios filtrantes, el estado hídrico de los árboles, la presencia de agua bajo la estructura, las deformaciones, las cargas y vibraciones y la calidad del agua en la entrada y la salida.
La Estrategia Europea de Resiliencia Hídrica avanza precisamente en esa dirección: restaurar el ciclo del agua desde la fuente hasta el mar, mejorar la retención, prevenir la contaminación, modernizar la infraestructura y acelerar el uso de soluciones digitales e inteligencia artificial. La carretera inteligente del futuro no estará conectada únicamente con los vehículos; estará conectada con la cuenca.